martes, octubre 20, 2009

In Lak’ech

A Cancún todavía no le ha dado tiempo de tener fantasmas. Tampoco tiene historia de libro de texto y los piratas del Caribe sólo se asomaron por aquí en forma de cumbia de los '90. Para colmo, sus ruinas mayas padecen lingüísticamente de una involuntaria intención alburera que dificulta su promoción.
Esta ciudad de más de 600,000 almitas tiene, en cambio, Liverpool que se llama así, nada de Fábricas de Francia; un Palacio de Hierro en construcción y centros comerciales como pecas hay en mi cara. Existe también un Costco que se usa en referencia de Catedral y como narración de vida dominical. De hecho no sé dónde está la Catedral de aquí, supongo que será normal para una comunidad que se fundó bajo la premisa de los consejos de los banqueros durante el Desarrollo Estabilizador, y no bajo los esquemas de Consejos de Carlos V y sus secuaces eclesiásticos, pero igual ha de ser porque yo soy bastante bruta y simplemente no sé dónde está.
Sólo una generación. El cancunense de nacimiento no debe tener más de 40 años; no hay adultos de cabecita de algodón y, quien piensa que la sabiduría de las antiguas generaciones está sobrevaluada, seguramente no extraña a sus viejos tanto como yo a mis abuelas y a sus historias del sur de esta provincia selvática. Eso sí, me gusta la selva, tal vez porque la veo de lejos teniéndola de cerquita; quizás por el miedo y el respeto que me genera, como el mar. Me fascinan. Me hipnotizan sus olores que se sienten a kilómetros, y sus ruidos. Aquí hasta la lluvia se oye más fuerte.
El melting pot mexicano. Tabasco, Veracruz, Jalisco, Distrito Federal –por montones como siempre y como en todo-, Yucatán, y más: todos con el Sueño Caribeño™ de hacer fortuna o sobrevivir del turismo. Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos y Canadá se enarbolan en español y en In Lak’ech como un ecléctico aloha maya. No hay mejor lugar que la franja de 25 km de rascacielos turísticos para entender el Mercantilismo fallido de Eco II y el Capitalismo de manotazo. Con todo y los sentimientos bipolares de mi humanidad geminiana.
Decía José Arcadio Buendía que uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra; yo aquí vivo a mis abuelas cada vez que miro el mar que ellas veían, y las siento todo el tiempo que escucho la selva que ellas sentían. Y sólo entonces creo que una parte de mí es de una parte de aquí. Y quisiera preguntarles tantas cosas…
¿Cómo hacían ellas hace 60 años para luchar contra estos bichos? ¡Que se acaben las especulaciones! La civilización maya desapareció por hordas de hormigas de las de mi cocina, que un día tuvieron a bien levantar a todos y llevárselos a la de tres; así pasó.
Y entonces me río porque no es cierto, Cancún sí tiene fantasmas.

6 comentarios:

El Conde de Almaviva dijo...

Welcome back! Ya te extrañábamos en una blogósfera que le ha dado paso a sms interneteros llamados twitter... Pero yo prefiero por mucho es uso y (divertido) abuso del "choro"

Un beso

Germán Diego dijo...

Uno es de todo y todo es de todos.......

Bonita lectura, gracias. un gusto.

MaJaDeRiA dijo...

Dios de mi vida...ud volvio!!! Tuvo que casarse, irse a vivir entre hormigas y dejarme trabajando sola pa que volviera a escribir. Ingratitud, tienes nombre de mujer. Jejee. Es broma.

Por cierto..no se leyo "cien años de soledad". Las hormigas que se llevan civilizaciones mas complicadas que las de su cocina...ya no son ni noticia.

que bueno volver a leerla. Aunque preferiria tenerla al lado, pero bueno. Es un consuelo.

diablito dijo...

tanta cultura mágica al lado de los bichitos, mi sueño caribeño está taaan lejos (i need a break)

m A m E dijo...

Aca en Torontokistán no hay insectos, alguna mosquilla o abejilla en el verano y parale de contar. Bienvenida de vuela Analú, te mando muchos besos!!

Anónimo dijo...

A estas letras me refiero... ¡Cuánto se te extraña!