jueves, octubre 13, 2005

Viva Bue

Quiero saber qué me pasa, te pregunto qué me pasa y no sabés qué contestarme porque claro de seguro te mareé; con mis idas y vueltas, te cansé con mi cámara lenta y aunque trato nunca puedo apurar mi decisión. La noche comenzaba bien y temprano, antes de las 7 nosotras ya estábamos instaladas en una mesa de uno de los tantos salones del lugar, empezando a digerir las deliciosas empanadas de carne, humita y queso que nos zampamos cual niñas de hospicio. En el preciso momento en que todo va cambiando para mí, en ese instante te aseguro que alguna señal te di, pero no me escuchaste, tal vez sin intención de tu parte, puede ser un poco débil el sonido de mi voz. Pero las empanadas tenían que ir acompañadas de algo líquido y la encargada de ir por la “consumición” fui yo; pobre inocente que no se dio cuenta de la trampa que le tendían sus “amigas” quienes a fuerzas querían enjaretarme un amor porteño. ¡Oh! Una mañana te veré shegar y descubriré que sho solo sha no estoy mejor y te pediré que me acompañes, a dónde en verdad no sé, dime que sí miénteme. Desde luego que no hay nadie mejor que un nativo para conocer las técnicas de ligue locales porque fue cuestión de acercarme a la barra y ya tenía a Toni a mi lado “¿qué tomás?”. Podría ser que al final rompiste el cristal en mí, podría pasar que me hagas hablar sho creo que tienes el don de curar este mal. Entre que no, no tomes cerveza, mejor tomá de esto y no, gracias, no me gusta la champaña (¡!, ¿moët como bebida furor de la noche? sigo sin aprobarlo), y de dónde sos, pues de México y que patatín patatán. Pero vasha si esta nena es voluble, ni sho lo hubiera creído porque mejor ahorita nos vemos: mis amigas deben estar desesperadas, las cervezas, bye. Siento que debo encontrarte y sin embargo paso el tiempo shéndome, hacia mí mismo, a mi centro que jamás encontraré. Al parecer el acento mexicano causa una suerte de fascinación que atrae a las masas australes -y ya no haré más comparaciones de acentos-, pero como le contesté a la Be cuando me preguntó si me había enamorado por allá: la verdad es que todavía no, aunque seguro cuando me vasha a vivir para ashá lo haré. ¡Es un solo! es la guitarra de Lolo...
Sweet dreams are made of this. Who am I to disagree? La noche continuaba y a las 10, justo al terminar un partido de Boca, abrieron pista en el salón más grande, en el que ya estábamos instaladas después de haber recorrido las terrazas y otros salones con la sublime vista del Puerto Madero iluminado, de la rambla y de las Catalinas, de los edificios comerciales de la City en sintonía con mi ánimo de fascinación, de querer detener el tiempo y esa imagen en una memoria desleal a la que le da por olvidarse de que esos archivos existen y luego namás se anda acordando de pura bobada. I travel the world and the seven seas, everybody's looking for something. Como si hubieran pensado en la alianza mexicoargentina de la noche, las canciones ochentosas se detuvieron, las luces generales se apagaron y la gente se emocionó cuando comenzó el bailongo con una canción muy ad hoc y tengo una mala noticia no fue de casualidad sho quería que nos pasara y tú, y tú lo dejaste pasar. La morochita chilanga lista para otra Iguana más, una tristeza la falta de Quilmes, por eso tuvimos que ahogar la pena con su competencia alcohólica. No quiero que me perdones y no me pidas perdón, no me niegues que me buscaste; nada, nada de esto, nada de esto fue un error. Estábamos en pleno brindis cuando se acercó Pablo a decir con un impecable y patente acento porteño “sos re-linda” y ay qué lindo, ¿nos tomas una foto? Los errores no se eligen para bien o para mal, no fallé cuando viniste y tú, y tú no quisiste fallar. No, ya en serio, de dónde sos. Si sha te dije que soy de aquí (Ana Lucía haciendo espléndida gala de su nivel etílico, ¡ah, pero no era la única!). ¿Por qué me miente tu amiga? ¿Vos también “sos de aquí como esha”? Y doña Teresa presumiendo sus seis meses de convivencia mexicana extrema respondió con un magistral y mexicanísimo “pues sí”. Aprendí la diferencia entre el juego y el azar... Y Pablo huyó de nuestra mala copa antes de que fuera demasiado tarde, como demasiado tarde se nos hizo la despedida del Opera Bay. Es que uno está por allá y no se da cuenta de nada, ni del tiempo ni de cómo habla, porque eso sí, saqué mi chilanguismo extremo con tanto ayayayaycantaynollores: “ay, le puedo pedir un refresco de limón, por favor”, “ay, le encargo la cuenta”, ¡ay, qué horror! y mi pena propia llegó al colmo de hacerme sentir mal cuando caí en cuenta de la descortesía al recibir un “no, por favor” cada que yo daba un gracias. Hasta me daban ganas de repicar, “ay, en serio sí le doy las gracias, por qué me dice que no si sí le digo gracias en buena onda”. Gracias. No, por favor. ¡Háganme el favor!
Contrario a todos los pronósticos, al día siguiente del Opera Bay no amanecí ni remotamente “fisurada” (cruda) y ahora sí, con el papi al lado pude hacerla de turista oficial. Santa María de los Buenos Aires ahí te voy y camínele porque tengo un padre a quien es difícil seguirle el paso, hoy se lo agradezco pues tenía poco tiempo para conocer la ciudad como para andarlo perdiendo en yamecansés y tejuroqueyanopuedo. Me extasié con la Avenida de Mayo y el cortadito del café Tortoni; me moví al vaivén de Lavalle y Florida y me contagié de su espíritu capitalista con las camperitas de cuero;

atendí los tangos de La Boca y vi bailar a un “guapo” que me vendió una selección de Gardel que atesoro como pocas cosas (sí, no sólo mis articulaciones afirman que soy una anciana, hasta mis gustos me delatan); me costó trabajo creer la cantidad de perros que pasea cada guardián y me sorprendió saber que hay corrales en circuito cerrado para que jueguen sin que se escapen; sonreí de humor negro al ver que frente a la réplica del Big Ben -regalo del gobierno británico-, establecieron el monumento a los caídos en Las Malvinas; me di cuenta de que al manejar es necesario centrar la línea divisoria de carriles para que pase abajo del coche; aprendí a cruzar las calles cuando el muñeco marcaba rojo y me disimulé entre la gente que seguía absorta en sus pensamientos sin admirar la fastuosa celeridad de su ciudad; sí, me enamoré del eclecticismo de la Reina de la Plata, de sus colores y de la vitalidad desbordante que la convierte en una de las 10 mega ciudades del mundo y en una fantasía de mi post-adolescencia.

Visité la ciudad de Tigre yéndome por el tren de la Costa hasta el Delta del río y allí tomé un catamarán mississípico en pleno cono sur. Conocí taxis, remises, subte, ómnibus, trenes y barcos. Comí delicioso, hasta podría afirmar que la carne de ave es más suavecita y no es por presumir en argentino, pero si alguien sabe de pollo, po-shó (con todo y la tristeza hipócrita de saber que mientras más suavecita la carne o la piel, más chiquito el animal, sin contrasentidos porque luego andan diciendo que vengo con envoltura de tetra pack). Descubrí el enigma en la canción de grandeDiego-tequieroDiego-lamanodeDios, cuando dice de cebollita soñaba jugar un mundial y consagrarse en primera, tal vez jugando pudiera blablablá, pues bien, Cebollitas es el equipo juvenil de Argentinos Juniors, primer equipo al que perteneció Maradonna. Sí, sí, yo muy cultural y el estrello. Después del Opera Bay sólo pude conocer un boliche más y quedé sorprendida cuando a la una de la mañana, después de una cena algo estropeada, retiraron las mesas del Asia de Cuba porque había que pulir el piso y me engañaron, esto no era un restaurante, era un antro legalito, con todo y luces, buenísimo, bárbaro, pero yo ya no soy la misma, no pude ni remotamente establecer la representación del FUNAR en Sudamérica como me había aconsejado el Cobito de Nieve, pido disculpas a quien tenga que pedirlas, por exigente terminé de ridícula porque una cosa es cierta, no es por clichesista, pero esa influencia italiana obnubila los sentidos, lástima que sólo ligaba con los peticitos estilo Danny DeVito en la adolescencia. Eso sí, uno regresa de Argentina con unas ganas locas de entrar a clases de tango a la de tres y de escuchar el bandoneón todo el santo día así que namás me den de alta de las terapias y verán cómo me vuelvo practicante de tango; del baile, porque para ser más panchera ya está difícil... pero no me reten.

lunes, octubre 10, 2005

Noche porteña

Todo el mundo me lo decía “te va a encantar Buenos Aires”, el Mechitas (miss u) decía “es la neta, pero a ti en lo particular te va a rallar más, con lo tanguera que eres...”, y tenía razón: yo estaba fascinada, no sólo por el tango. Me gustó tanto, tanto, que se posicionó en tiempo récord como una de las cinco ciudades para el exilio, compitiendo al tú por tú con París, Madrid, Montreal y Sidney. Pero lo que definitivamente terminó por enamorarme fue la actitud de la ciudad con la innovación de conceptos. Fue así como el after-office se me presentó como algo inaudito y extremadamente coqueto; la idea de que la ciudad tenga tanta ilusión de reven me conquistó y, aunque he de aceptar que al principio no entendí las explicaciones que me dieron sobre el asunto, viviéndolo supe que había llegado al lugar correcto.

Después de un día ajetreado con festejos de primavera y de mis incursiones en el fantástico mundo del mate y de cebarlo, emprendí mi camino en solitario por las largas rutas y el tráfico porteño vespertino. Existe una mala fama que persigue a los argentinos como los tipos soberbios y engreídos sencishitoycarijmático que no cuadra con lo que viví. Mientras iba en el taxi que me llevaría de Palermo al hotel en el centro, me hice gran amiga del taxista que despotricó en contra de Menem, de Kirchner, de Bush y de Castro: y es que nuestra América Latina está tan mal, ya ve que recién dimitió el presidente del Congreso del Brasil y en México mataron al Ministro de Seguridad. ¡¡¿Qué?!! A ver, ¿perdón? Es que no le escuché bien, cómo estuvo eso último. Sí, iba en un helicóptero y lo mataron, dicen que del narcotráfico, recién dieron la noticia... En cuanto llegué al hotel intenté verificar lo anterior y en CNN me enteré de que todavía estaba desaparecido el helicóptero, cuando regresé supe que había sido un accidente y al final a nadie le queda claro nada, sólo al taxista argentino convencido de un asesinato.

Teresa me había advertido que los miércoles por la noche se acostumbra ir al boliche (al antro, bueno, hay quienes todavía las llaman disco). ¿En miércoles? Sí, sí, no bueno, tranquila, es de pasar después del trabajo, cenar ashí mismo y regresar temprano, a las doce o a la una. Mi corta imaginación no daba crédito de que el miércoles la rifara de viernes o sábado y que la gente fuera al antro como una situación habitual y no como algo extraordinario tipo el chilanguísimo coktail. Nosotras acostumbramos ir a Opera Bay, un bolichito en el puerto. ¿El que parece el Opera House de Sidney?, preguntó una extranjera medio bruta y bastante obvia, y es que mientras iban cruzando el río, el papi y su hija se preguntaban qué sería aquel lugar: ha de ser una sala de exposiciones, o tal vez un teatro, no, aquí en la guía oficial no dice nada, pero sí, seguro, es una sala de exposiciones. Y nos quedamos con la certidumbre de que era una sala de exposiciones.

Eso sí, me había advertido amiguita, tenés que vestirte de oficina. Pues ni modo, a comprar algo porque en mi comodinismo mental le había dejado la maleta al padre “total, si voy al antro será jueves, viernes o sábado y el papi llega el miércoles, aparte qué flojera andar cargando todas mis cosas, mejor sólo me llevo la mochila y listo”, pero nada de listo porque tuve que comprar de último momento algo ejecutibolichantrero; el grado de rotez mayúscula lo obtuve cuando estaba saliendo del shopping (centro comercial) y súper naca terminé en la zona de perfumería, también había abandonado a Anaïs en Uruguay así que fui absolutamente infiel a mis principios aormáticos y la muestra de Pleasure sirvió para comenzar el ataque de mi primera noche auténticamente porteña; a punto estuve incluso de hacerme una prueba de maquillaje, pero el tiempo, gran aliado de la decencia, lo impidió rotundamente.

Llegamos al Opera Bay y regresé a mis recuerdos de antro de moda de primer mundo en el que hay filas inmensas para poder llegar tan sólo a la cadena. ¡Ah! Pero yo no contaba con la astucia y las palancas que manejaba So, la hermana de Teresa, y es que el lugar tiene capacidad como para cinco mil almitas, afuera en la cola había como mil horas hombre porque si hubiéramos sido mortales de los normales seguro entrábamos hasta las 12 para salir corriendo a lo undostressequemalabas. No, no, no, la pobre mexicana incauta fue a parar con gente muy precavida y con grandes contactos errepeísticos porque nos saltamos al pato vica (cadenero), y la puerta de VIP se nos abrió con la gracia de San Pedro al haber sido de los elegidos del cielo porteño. ¡Bárbaro!

viernes, octubre 07, 2005

Llueve sobre mojado

Ayer empezó la tercera temporada en Bellas Artes; mi familia artística, como todos los años, nos invita siempre a los primeros conciertos en los que participan (en esta ocasión le tocó a mi primo político “el flautista”), pero yo, como soy una naca auditiva, después de la inauguración seguramente no volveré a ir. Para empezar hicimos más de hora y media de mi casa al lugar, el tráfico estaba atolondradísimo y con la lluvia era desquiciante; al llegar a Bellas Artes tuve que atravesar mi diluvio personal de 30 pasos estacionamiento-palacio, y, mientras hacía malabares para correr sin mojarme mucho y sin caerme (odio los paraguas), tres niñitos jugaban fascinados bajo la lluvia, cantaban y se reían festejando al que chapoteaba en el suelo. Durante el concierto delicioso de danzones y variaciones, las goteras querían robar cámara y caían, eso sí, muy melódicamente al tiempo que Mer susurraba “a Bellas Artes le falta impermeabilización urgente”.
Mientras esto pasaba, a dos horas del centro de la ciudad, Ofe se regocijaba al pensar que las cisternas se llenarían y no faltaría agua para bañarse, para lavar o para purificar y tomar en su casa, al menos en su caso el diluvio resulta una bendición a falta de un sistema eficiente de transporte hidráulico. En cambio, a otras escasas horas del mismo centro citadino, la lluvia está matando gente y dejando incomunicadas a varias ciudades del país y de Centroamérica; la gente ya no soporta más días de agua intensa, hay una verdadera tragedia y las imágenes muestran a personas rezando en los techos de sus casas a punto de ser arrolladas (arroyadas no porque eso de arroyo ya no tiene ni la vergüenza). Tal vez las plegarias no se están haciendo bien y necesitamos un director de orquesta que coordine el asunto mandando el agua de más a Zacatecas, California o a tantos lugares donde se necesite y no ande dejando víctimas al por mayor, pero no hay ni quién pueda tomar esa batuta, ahora sí que no hay ni cómo.

miércoles, octubre 05, 2005

Mi Buenos Aires querido

"...dice su ruego de coraje y de pasión;
una promesa y un suspirar, borró una lágrima de pena aquel cantar"
Aterrizamos en Buenos Aires y antes de ir a Montevideo tuve una pequeña embarradita en el taxi de una ciudad que desde el primer instante me enamoró. Esperé dos días para regresar, y las tres horas para cruzar el Río de la Plata se me hicieron trasatlánticas; con todo y mis divagaciones “a este río le falta una buena untadita de Brasso, o de algo con ácido clorhídrico porque esta plata está muy manchada, ¡qué estaban pensando estos españoles cuando lo bautizaron así!”, lo que sí es que es impresionante el tamaño, hasta uno llega a pensar que es mar. Viajaba yo sola porque el papi iba de trabajo (en eso habíamos quedado, ya no me hagan sentir mal); desembarqué alrededor de las 3 de la tarde y mi primera impresión de Buenos Aires fue pleonásmica “¡impresionante, qué ciudad!”, la primera impresión que tuvo Buenos Aires de mí fue “¡pobre chavita pe#&eja!” (cosa absurda y de la misma forma pleonásmica pues mezclando jerga mexico-argentina lo segundo quiere decir lo primero en mexicano, es decir, chavita se dice como lo segundo, bueno, al menos yo sí me entendí en este lío de descripción que acabo de hacer).
Así me veía yo, como el típico ejemplo de lo que no se debe hacer cuando uno es turista: poner cara de tal. Por eso en cuanto me di cuenta del peligro que corría si se me seguía cayendo la baba, cerré la boca y muy dignamente me fui caminando como el Borras meets Vicente (¿a dónde va Vicente? A donde va la gente). Bastante patética mi primera perdida en el barrio del Retiro; yo sentía que la ciudad se me hacía un pañuelito, llevaba muy estudiadito el plano que me habían dado en el aeropuerto así que no hay pierde, digo, namás es cuestión de salir del barco y caminar por el puerto hacia la derecha unas 10 calles y luego a la derecha. ¡Ah! Pero es que me encanta ponerle retos a mi intelecto y con tal de no parecer tonta me fui detrás de los expertos en su propia ciudad hasta que en una bifurcación cada quien tomó su camino y yo me quedé como perrito sin dueño en medio de un crucero hiper transitado, con repeticiones de no pasa nada, sólo no pongas cara de turista, no te delates, no pongas cara de que no sabes. Gracias a mis apariencias de seguridad terminé caminando el doble de lo debido hasta que me harté e hice lo que debí haber hecho desde el primer instante, primera acción piola del viaje.
“Hola, buenas tardes, ¿se encuentra Teresa?”. A Teresa la conocí en un pueblo (“ciudad” universitaria) belga de menos de 20,000 habitantes, la mitad estudiantes; las dos íbamos de intercambio y a la pobre le tocó convivir con un corro latino formado por 10 mexicanos, 2 habitantes del país entre Ecuador y Venezuela, dos españolas, una peruana, algunos italianos, uno que otro belguilla (¡ejem!), hungaritos, griegas, checos y otras nacionalidades medio perdidillas dentro de la latiniza. Pero en realidad mis hermanísimos del alma eran mis 3 potosinos consentidos y ella, bueno, esha. Yo no veía la hora para volverla a ver y por eso peleé con papi “me voy antes a Buenos Aires”; el plan era que me quedaría en su casa, pero me daba mucha pena llegar a las 3 de la tarde cuando ella regresaba del laburo después de las 6, pues sólo conocía a una de sus 4 hermanas, la única que ya no vivía en el hogar paterno. Buenos Aires tiene buen humor y con toda la gracia que me causan sus ocurrencias, dividieron el barrio de Palermo en 2: Palermo Soho (área de barcitos, restaurantes y zona chic de decoración y alta costura) y Palermo Hollywood (se localiza una televisora y las calles aledañas están repletas de gastronomía y más bares... ¡cómo no, si es Buenos Aires!). Pues me armé de valor y tomé un taxi que me llevó a Palermo Soho, una de las zonas más bellas de la ciudad, a un departamento justo frente al Jardín Botánico. No terminaba de tocar el timbre cuando dos chavas corrían hacia mí “tú eres Ana Lucía, ¿cierto?”
Fue cosa de subir y ya era gran amiga de las hermanas de Teresa, unidas-por-las-telenovelas, ¡patético! Allí estábamos las tres en la sala hasta que la más chiquita (16 años) lo preguntó. ¿Y vos sos actriz? ¿Actriz? No, cómo crees, ¿por qué? Es que hablas como en el Canal de las Estrellas. ¡Vaya amolada! Ahora resulta que voy por la vida sonando a La Madrastra, Locura de Amor, Soñadoras o El juego de la vida; no, de plano voy a terminar de pisotear la autoconfianza si me empiezo a sentir Marimar, Gata Salvaje... o La esposa virgen. Total que nos echamos dos horitas de conversación súper productiva, yo les contaba los finales de algunas telenovelas mientras ellas hacían lo propio con el de Rebelde Way (somos peor que los japoneses al copiar, no me extrañaría que en unos dos añitos importáramos también la idea de Floricienta, pero en México habría que quitarle el cienta y sería sólo Flori, así como a Rebelde le quitamos el Way, esta cultura de albures de a peso). Y mientras los diálogos fluían con facilidad, yo padecía mi primer ligue argentino: Jack (aka Shack), un rottweiller purasangre que me vio cara de madre de sus cachorros (uno de mis peores ligues en la vida, y vaya que me he esmerado en tener malos, por mucho que presuman el pedigree); bendito fue el momento en el que la Tatis se apareció y me llevó a cenar a Recoleta (otro de mis barrios porteños favoritos), con los millones de argentinos fiesteros que toman el reven por los cuernos desde el martes (bueno, al parecer siempre están en fiesta). Pero nosotras teníamos un retraso de más de tres años de chisme intenso de ex-novio casado, artritis, maestrías, hombres-van-y-vienen, viajes y qué-sabes-de-fulanito-sutanita-perenganito así que no pelábamos al rededor (alrededor), menos cuando nos dio por abuelear y recordar esos seis meses de cerveza belga, fiesta y papas fritas.
Al día siguiente nada de buenos días, perdone señora, buen día será. Es que a los mexicanos nos da por hablar en plural y buenos... los ojos de Ricky Martin, digo yo. Y Ana Lucía pudo haber escogido horario flexible, pero qué les pasa, soy turista y como tal no he de dormir así que despiértame cuando te vayas a trabajar y así tendré más tiempo para conocer tu ciudad. A las 9 de la mañana me encontraba desayunando cuando supe que la familia divina de mi divinísima Teresa ya me tenía organizado un plan de turisteo alternativo: Hoy es el día de la primavera, el día del estudiante; es fiesta nacional y los jóvenes estudiantes inundan las plazas para hacer un picnic colectivo en honor a la estación del calorcito, vení conmigo y te muestro cómo viven los argentinos, esto no lo ven los turistas normalmente.
Y me fui a recorrer los Lagos de Palermo y todas las plazas aledañas junto con Agus, la hermana de 21. Podría decir que sí, que qué bonitos los lagos, que muy europeo y la arquitectura y los jardines, pero lo que me encantó fue haber conocido al “verdadero” Bs As, haber estado con una familia “típica”, haber comido lo que comen ellos, con su mismo horario, haber compartido así todo un día que yo tenía designado para la Avenida de Mayo y un poco de San Telmo para conocer la “cultura”, pero ¡oh, bruta yo!, si la verdadera cultura era ésa. El paseo que me dio Agus junto con sus amigos, la convivencia con gente de carne y hueso que por primera vez tenían un acento mexicano fuera de la pantalla y ese día de botellón formidable con tantísimas minas y pibes en pleno hábitat. Pero tuve que despedirme temprano pues esa noche llegaba el papi y su hija tenía que ver que la reservación del hotel estuviera en orden y esperar a que Teresa pasara por mí a las 6 y cuarto; era miércoles y conocería lo que hasta el día de hoy me parece uno de los conceptos más brillantes que los bonaerenses le han dado al mundo: el after-office de la noche porteña...

Al servicio de la comunidad... - Ahora sí en serio: C H I A P A S

Como muchos de ustedes sabrán, en algunas zonas del país se está viviendo una tragedia acuífera. Se necesitan alimentos no perecederos (latas de comida, leguminosas, cereales), pañales, toallas sanitarias, papel de baño, rastrillos, pasta de dientes, botellas de agua; por el momento nada de ropa ni zapatos.

Para quienes estén interesados en hacer alguna donación y no les es tan fácil ir a Polanco (Cruz Roja) o a las representaciones de los respectivos estados en el D.F., yo pienso ir el sábado por la mañana así que pueden pasar a mi casa a dejarme las cosas. Los que no sepan la dirección mándenme un mail. Gracias totales.

martes, octubre 04, 2005

República Oriental del Uruguay

Toda una hija de papi. Cuando surgió la idea de que podía acompañarlo en su gira por tierras australes, me afiancé a ella y no dejé que se me frustrara el sueño de conocer algo de Argentina... y de paso de Uruguay. Aparte nada más es cuestión de que me digan viaje y ya estoy, tengo hasta maletita de emergencia y el kit siempre listo para salir en menos de media hora. Eso sí, no todo iba a ser miel sobre hojuelas porque de tal palo tal astilla y créanme, mi padre tiene su carácter, si no lo sabré yo que lo tengo en versión digital, corregido y aumentado; la mami sufría y repitió más de quince veces “tenle mucha paciencia”, “no te desesperes” y desde el taxi que nos llevaba al aeropuerto yo contaba hasta mil. Pero viajar con el papi no es ni remotamente algo negativo, si bien es cierto que las friccioncitas están a la orden del día, los beneficios pueden llegar a ser magníficos y desde el primer instante uno goza de privilegios inmerecidos como los salones vip en los aeropuertos; comida, bebida y antojitos al por mayor; buenos hoteles; consentimiento extremo y en general es agradable viajar con el ñor, cosa que hacía por primera vez sin hermano o mamita limadores de asperezas. Es un hecho, no es nada fácil convivir conmigo, lo sé y me consta, por eso resulta doblemente meritorio el que hayamos sobrevivido del viaje con todo y sonrisa.

Nueve horas nocturnas de vuelo no es algo que se agradezca, menos cuando en los asientos de al lado está la parejita de una de mis peores pesadillas políticas: el marido ex-delegado de Tlalpan (protagonista de uno de los videos de Ahumada Films y de que varias amiguitas, con ganas de estudiar de verdad, tuvieran que abandonar sus aspiraciones UNAMistas por capricho de este arengador y sus secuaces) y la mujer secretaria de ¿ecología? del gobierno del de-efe, hago constar que si de pronto se hacen los desaparecidos yo garantizo que los vi salir del país el sábado 17 de septiembre a las 9 de la noche.

A las tres de la tarde del domingo, después de avión, barco y autobús cabeceador (moría de sueño), Montevideo se nos presentaba con un espectro de hambre que me estaba dejando exhausta; como mi dieta es una basura decidí tirarla sin ningún remordimiento, al menos por una semana, y desde el primer bife fui feliz (¡llevaba 8 meses sin comer vaca!). En la oficina de turismo lo advertían sin que papi e hija dieran crédito “les cuento -me enamoré de esa frase, la dicen para todo-, hoy domingo no hay nada en esta ciudad más que ir de compras” y nos enviaban al shopping center a las afueras de la ciudad; nel, no lo vamos a hacer y hagamos turismo irreverente ante las costumbres locales pues salimos a recorrer el centro desértico de la ciudad bajo temperaturas cercanas al cero. Entre tanto viaje, frío y caminata, estábamos tan cansados que a las nueve de la noche se nos cerraban los ojitos y ya estábamos guardados para el día siguiente.

Íbamos en viaje de negocios, el papi trabajaba mientras yo conocía, total, negociamos que como él ya había estado, ahora me tocaba a mí hacerla de turista y el lunes empezaron las actividades correspondientes. El tour pasó por mí a las 9 de la mañana y yo estaba que me quería dar un tiro: era la única menor de 60 años y la número 15 de 7 parejitas de jubilados gringos, argentinos o venezolanos; lo bueno es que el martirio terminó a las 3 horas después de enterarme de datos inútiles como el color y las dimensiones de la casa del presidente del Uruguay, o de otros más relevantes como que el total de orientales (gentilicio formal, favor de no escribir en documentos oficiales uruguayo pues el país se llama República Oriental del Uruguay) es de 3’200,000 y en Montevideo hay 1’300,000 de ellos.

Uruguay es el único país latinoamericano donde no hay población indígena, se nota en las calles. No puedo ser ni remotamente experta en dicho país, sólo pasé dos días en su capital; aunque sí pude darme cuenta de que no es un país rico, me quedé con la impresión de que al menos no hay una pirámide de ingresos tan groseramente empinada como la que tristemente se ve en México -insisto, el análisis es meramente subjetivo y superficial-. Hay pobreza, eso es inocultable aunque los turistas seamos egoístas y queramos ver sólo el lado bonito del viaje, pero no vi la miseria que encuentro en Insurgentes, a unas cuadras de mi casa; como no hay indígenas la mayoría de las ayuditas que me pidieron provenían de mendigos para probablemente conseguir droga, no de las marías para darle algo al chamaco que llevan bajo el rebozo. Igual sigo pensando en la cantidad de coincidencias y semejanzas que tenemos. Si cada vez descubren más parecidos hombre-mono, que no existan similitudes entre países que hablan el mismo idioma sería absurdo. El acoso callejero es similar, venden también algodones de azúcar y cacahuates garapiñados (perdón, garrapiñadas), los gobiernos suelen ser corruptos, la gente se enamora y se desenamora... ¡somos igualitos!
Ese día caminé todo lo que la doc me había pedido que no caminara; a las 12 del día yo estaba libre así que Montevideo se me hizo chiquito hasta que me perdí deliciosamente por unas callecitas muy pintorescas de la Ciudad Vieja. No me había dado cuenta de que lo que en realidad hacía era turismo suicida y andaba feliz tome y tome fotos en el Tepito montevideano hasta que un ancianito con toda su recopilación de sabiduría añeja me advirtió “cuidado con esa cámara, niña”. Ya con el radar chilango encendido, logré salir del laberinto y una hora después estaba tomando un café en una de las plazas más turísticas; no había tomado ni el segundo trago cuando tres chamaquitos menores de 14 años se sentaron en mi mesa a tomarse MI café. Al principio me indigné hasta ponerme roja de coraje, pero después no me quedó otra más que reírme de las ocurrencias “anda, dame otro traguito y así decí en tu país que conociste en Uruguay a un rubio guapísimo”. Y terminé pidiéndome otro café para mí y dos más: aún con esa cuenta me salió más barato que haber comprado uno chico de Starbucks. El más callado de los tres llevaba unos guantes y encima de su dedo meñique un anillo, simplemente por conversar –que no era necesario darles cuerda-, le pregunté por qué lo llevaba en ese dedo, su reacción me hizo suponer que lo había robado porque me respondió escondiéndolo “lo shevo porque tengo plata para comprármelo”.

Poco a poco terminé encariñándome con una ciudad que de principio me pareció gris y como extraída de un comunismo con casino, carretillas y toques del “Oro del Rhin”, el café de la 18 de julio donde los nazis se reunían en el exilio. Eso sí, quienes dicen que la carne argentina es mejor que la uruguaya es porque no conocen a los orientales, ¡qué guapos son los uruguashos!

jueves, septiembre 29, 2005

Aunque usted no lo crea...

... todo indica que la pitonisa tenía razón: van dos pronósticos cumplidos, la gente sigue yendo en desbandada a traumarse y a quedarse como los que hemos ido, sin saber qué pensar, y yo cada vez estoy más incrédula. Las cosas a las que les atina, les atina tan bien que uno duda el doble.

Y también, aunque usted no lo crea, no he tenido tiempo para escribir y tengo en el tintero cerebral todo un viaje austral (no astral) que contarles, pero espero que la próxima semanita pueda hacerlo, mientras les dejo un beso muy grande y recuerden que no los olvido y el estrello.

lunes, septiembre 26, 2005

Ixtapazo y el estrello

Era de madrugada cuando emprendimos nuestra aventura aérea en la-línea-más-barata-del-país (con la flota más vieja del mismo). Ni cómo negarlo, las ojeras y los poros destilantes de la fiesta anterior delataban las ganas que teníamos de llegar a la playa para poder curar el desvelo con gracielas bien frías. Bueno, la desmañanada vale la pena porque en unas horitas estaremos bajo la cálida sombra de una palapita con vista al mar Pacífico. Sí, dos horas y ya, decíamos ilusos. Damas y caballeros, lamentamos las molestias que esto les ocasione, pero hemos detectado fallas en el blablablá del avión y tendremos que esperar unos segundos. ¿Unos segundos? Como 4200 y al final qué creen, que no se pudo arreglar el blablablá y se van a tener que ir en otro vuelo; eso sí, esperen a la una de la tarde mientras desayunan y por fin avistamos mar pasaditas las 3. ¿Ya ven?, les dije que el camión era opción, igual hubiéramos tardado las mismas ocho horas en llegar, pero mejor no lo dije porque de por sí yo iba en plan mega roto (con todo y mis latas de atún) como para estarme reforzando los agujeros del pantalón.

Ixtapa nos recibió con un poquito de lluvia, bueno, como que le subí la categoría al chipichipi que nos obligó a ver el partido que se jugaba en Columbus -de cuyo marcador no queremos acordarnos- en el bar del hotel. Lo bueno fue que después del congelamiento (del lugar y de nuestras caras ante la derrota), traíamos muy buena pila. Otro día vamos con los gringos al Frog’s, porque lo de hoy es ir al mcdonald’s de los antros en México, la franquicia alebrijeña que nos hace sentir peor que Chabelo, con ínfulas de niños a nuestros veinti-¿¡¡¡treintai!!!?-tantos. Y así llegamos a enfrentar directamente a la fiesta. ¿Fiestecita azul para todos?, sugirió el Kiddo enfiestador y brindamos los demás; luego en rojo, ahora en más azul y aquello era tan colorido que hasta el baile se psicodelizó, con todo y el chimi-chimi que fue lo único que aprendí a bailar en mis tropezadas clases de danza árabe (shake it like a polaroid picture!). De tanta fiestecita unos se pusieron hasta de cabeza (literal porque el verdad o reto condujo a que no puedes hacer esto y dábamos un espectáculo entre la inquietita que presumía de flexibilidad, el otro que juraba que se levantaba con las manos en posición de loto y algunos quinceañeros riéndose de la faena).

Ni cómo justificarlo, pero creo que con tanto movimiento me confundí de letra cambiando la f por una s pequeñita con la siestecita que me eché, y dos veces dormí y dos veces desperté a seguir bailando; eso sí, me podrán juzgar todo menos la actitud. Hasta el tipo al que le armé pancho al final lo aceptó y yo hice revivir de risa a su cuate que estaba en calidad de bulto cuando se acercó una gatita (de las de verdad) a ronronearle y a restregársele por comida, porfis. Que quede claro, no soy del bando de Greenpeace ni me gusta andar rescatando ballenas (discutimos hasta el cansancio el punto del gordito, ¡que más-menos 20 kilos no nos gustan y no es discriminación!); el asunto es que no soy activista, pero de verdad hay pocas cosas que me molestan más que la gente saque su prepotencia y sus traumas de inferioridad al tratar mal a los animalitos; así que en cuanto el sujeto le soltó el golpe al bichito, Ana Lucía gritó indignada ‘¡Oye, qué te pasa, compadre! Ha sido tu mejor ligue de toda la noche y mira cómo la tratas’. Al final el resultado era contundente, cover: $200; propina al mesero: $50; que a tu amigo le pregunte un rebelde que si no está muy grande para ir al antro: no tiene precio.

Al día siguiente juro que no me sentía tan bien, pero nada que un chapuzón en la alberca no solucionara. Así de pronto estábamos, para variar, dando show de acuario; primero tomamos la competencia de nadar en hilerita hasta que ya con cinco integrantes sólo se podía una mini vueltecita, viendo los resultados dimos paso a las individuales haciendo piruetas onda nado sincronizado y qué ganas de pasar vergüenzas las nuestras; total que tanto paso cursi sacó mi faceta poeta y empecé afinando garganta: “las nubes son de algodón, y el estrello”. Con la cara de eso-qué que me pusieron los demás y yo no pude más que reírme porque padecí como una carambola de neuronas y pensé más rápido de lo que pude hablar, reduciendo “el cielo está estrellado” por “el estrello”. Error que hasta hoy se sigue usando como frase cotidiana para resumir cosas; es un gran sustituto del etcétera, por ejemplo “había mucha gente, estaban Fulanito, Sutanito... y el estrello”, o para hacer cualquier descripción “nos fue muy bien en la playa, calorcito, mucho reven, relax... y el estrello”. ¿Ven? Lo que comenzó siendo un error, terminó como una genialidad, pero seamos justos, si el centro turístico estaba al 12% de su capacidad, qué podían pedirle a mi cerebro vacacionista, aparte iba en el primer lugar de la categoría en la que estábamos inscritos: el que piensa pierde... Más tarde en el viaje varios me destronarían, siento mucho aceptarlo, pero que conste que me esforcé.

Eso sí, estuvimos muy deportistas, ni yo me la creo entre tanta caminata, waterpolo, natación y hasta yoga en la playa. Ni quién nos viera. Pero en definitiva el deporte más socorrido fue el del desfruncimiento y las peleas que la discusión traía: no, yo no estoy fruncido, yo frunzo a los demás; fruncido-desfruncido, seguro-inseguro. Hasta nos aventamos la creación de un nuevo país: para éste en el que vivimos ya no hay remedio, dictaban los dictadores, y bueno, cómo negar la participación después de la cooptación en la que me sumergieron: vas a tener una isla para ti solita, es más, una de las provincias se llamará Lulú Marina y su capital será el puerto más importante del país. Y lo mejor, chica dupont y yo conseguimos lo que pensábamos inconseguible, viajes al por mayor a Colombia. Lero-lero, lo dije y lo escribí después de que todo el viaje me fue prohibido mencionarlo y me iba por la tangente, nunca decía claramente Co-lom-bia (¡ah! se siente tan bien escribirlo), y me inventaba sustitutos namás pa fregar: el país que está entre Ecuador y Venezuela; el de la banderita amarilla, azul y roja; el país de los hombres que hablan divino; el país que se muere de todo menos de aburrición.

Pero en el viaje la aburrición sólo nos vino cuando escuchábamos las mismas canciones (con el trauma VicBrotheriano de la guitarra de Lolo que hasta la Bose vomitaba de tantas repeticiones, o la MaríaDanielada que, con el pretexto de que juran que es mi canción, la escuchábamos una y otra y otra y el pobre i-pod la repetía inconscientemente; por cierto, sigo con la duda del sexo del aparatito, ¿es EL i-pod o LA i-pod? y no me digan que es por colores porque el plateado qué). Aún así confiaron en nosotros cuando el Mechitas y yo fuimos emisarios para constatar qué tal estaba el Carlos, “increíble, hay que quedarnos” y reggeatoneamos al ritmo de la gasolina, el boricua, el donomar y el horriblísimo chacarrón-macarrón que nunca nos quedó claro a pesar de oírlo hasta en sueños cuando en la alberca del hotel lo ponían más fuerte que el cloro. Y combatimos los rumores que empezaban a correr porque en Ixxxtapa, como en todo viaje playero que se precie de ser decente, no faltó la sesión resolvamos-cosmotests; ni los comentarios sarcásticos porque sinusitis no es lo mismo que celulitis; tampoco faltaron los dramitas de kinder, le-jalé-la-trenza-porque-me-sacó-la-lengua, y es que Lin-cheng-la nos sacó de quicio y yo sólo puedo agregar: fue un gran viaje y el estrello.

martes, septiembre 20, 2005

¡¡¡Un año!!!

No puedo creer que lulumarina punto blogspot punto com cumpla un añito, bueno casi, ya pasaron 364 dìas. Eso sí, pasaron más de 364 cosas, muchas muy aburridas, pero la mayoría las he compartido con mis testigos virtuales; gracias por leerme y por fomentar la loquera.
Aparte de todo qué añito nos tocó, ¿no? A veces fue medio irreal y por lo mismo me da por recordarlo como entre sueños, como en el que soñé que Medu no era Medu porque era Zeldi, pero Zeldi no era Zelda porque estábamos en Celaya con mi abuelito que no era él ni tampoco mi tía era la del hospital porque no era Celaya, era la casa de parque México, pero ésa no era la casa de mi abuelita porque ella no estaba; creo que yo tampoco estaba en mi sueño porque nunca había soñado que las ratas se comían mis manos, por eso soñé que me despertaba y ya no había ratas ni dolor, creo que también soñé que no podía moverme y que había decidido poner mi vida en una pausa existencialista, pero de eso no me acuerdo bien.
Luego soñé a alguien creyendo que sí era porque lo fue un ratito, pero como era un sueño tuve que despertarme, ahora con una sonrisa en la cara. Estaba tan cansada que me volví a dormir y soñé con mi familia, con mis amigos, con un año muy extraño y ¿pedagógico?, pero dentro de mi sueño no pude ponerle una calificación mayor de 25 a mi instrucción, en el caso de que hubiera habido tal.
Soñé tanto que hasta hoy soñé que estaba solita en Montevideo, un poco menos perdida que la Maga, pero igual soñé que estaba en un locutorio (café, larga distancia, internet... no piensen que ya es oficial el desquiciamiento) esperando un barco a Buenos Aires.
En media hora zarpo y aproveché este ratito para saludarlos porque dudo mucho que en los días venideros tenga acceso a estos lujitos de tiempo. Como habrán notado no he podido dormir bien y tengo mucho sueño, si hasta yo me doy lástima. Por lo pronto espero que las tres horas que vienen me alivianen lo que resta del viaje... Gracias totales y qué les digo, esto está bárbaro, ya les contaré lo bien portadita que estoy. Quiérolos. ¡¡Ciao!!

sábado, septiembre 17, 2005

Bailando por un sueño

A Bandamax lo conocí bailando (dile que bailando te conocí, cuéntale); pasaban de las tres de la mañana y de la tercera botella de la mesa cuando la Cuchis lo sacó del pasillo de la nada. Con él se cumple mi teoría sobre una diferencia fundamental de género, y que quede claro, no soy partidaria de las generalizaciones, pero hay ocasiones en que las excepciones sí llegan a confirmar reglas.
Con todo y el bis del homo sapiens sapiens, queda claro que al fin y al cabo somos animales, con conciencia -algunos- y demás distinciones, pero igual bichitos; como tales, respondemos a instintos que a su vez obedecen a ciertos procesos químico-hormonales. Por eso insisto en defender que lo primero para que te guste alguien es la atracción física -que no el físico-, aquí entra el pleito cruzado con muchos amiguitos. Yo no soy buen ejemplo para nada y menos para este caso -cabe aclarar que no me distingo por tener un gusto excelso en delicatessen masculinas-, y aún así mi teoría causó aprobación al hacer el sondeo con amiguitas. La mayoría de las féminas apoyan la versión de que desde luego lo primero es la química porque puede que conozcan a un tipo Feo con F de Foco Fundido y se atrevan a aceptar que “es horrible, pero me encanta” o que “no sé por qué me gusta tanto si de verdad está como para pegarle a Cristo en viernes santo”.
Siguiendo con el caso de las mujeres y el sondeo realizado, podemos ver que después de la química, el segundo factor para caer redonditas es el verbo. Con esto se confirman mis loqueras de que no soy malinchista, simplemente hay algo en los acentos extranjeros -e incluso en los de los demás estados de la República- que ponen a temblar hasta a las piernitas más depiladas del barrio. De aquí, hablando con la Rougie -una de nuestras expertas conocedoras del tema-, concluimos que la originalidad derrite, no es lo mismo escuchar la perorata de siempre a la hora del hola-nena, que un buen piropo original; pongamos el ejemplo de un colombiano que en lugar de acudir al lugar común del “estás preciosa”, esquiva el preciosismo con un “estás divina”, si no es suficientemente convincente ofrecemos otro caso, por decir algo el de un individuo cuyo país se localiza entre Venezuela y Ecuador, donde se cambie el “me la pasé muy chido” por un encantador “estuvo espectacular”. En ambas situaciones parecería que se dice lo mismo, pero ¡oh sorpresa!, el efecto es devastador y contundente: y es que una se harta de escuchar la cantaleta de toda la vida con el mismo sonsonete que nos hace sufrir con la falta de imaginación y creatividad.
Ahora pasemos al caso varonil. Cabe aclarar que me es muy difícil tratar de expresar esto en términos azules pues no es mi condición natural, pero escuchando la versión de amiguitos, me inclino a creer que el acento les viene valiendo lo mismo si la chica es de buen ver o no: la diferencia es marginal, mujeres-oído, hombres-ojo y esa vieja está buenísima, y es que ese tipo habla súper lindo. Por eso se explica que en el único antro que ama el VicBro, los guerreros hubiéramos bailado por un sueño; cuando Bandamax me dijo “no manches, qué bonito cabello tienes”, ciérrole el ojito y él cae redondito porque yo ya estaba rendida: por primera vez en la vida alguien me dijo eso, más después de haber pasado una fatídica semana de sol, arena y cloro en el rubio cenizo que me hace güera hasta que llueva y en mis greñas Gloria Trevi tiembla, gran mentira en medio de la multitud que ni yo me creí, pero que igual agradecí.
Con este falso estudio emocional, las conclusiones obtenidas son: 1) lo principal es la química, nada de que te enamoraste de Cortázar por su prosa o de Cruise por su sonrisa, hay algo más prehistórico que mueve al mundo; 2) para poder establecer una relación no es necesario que sea el más carita o maneje el mejor verbo: el macho alfa debe reunir otras características -no especificadas en este análisis (cromagnon: 0, post-modernos: 1)-, pero de inicio sí debe haber empatía hormonal (cromagnon: 1, post-modernos: 0); 3) los guerreros bailamos por un sueño el sabadomingo y salimos victoriosos; 4) Bandamax dio señales de vida telcélicas al tercer día, pero cambió ring por sms y no le pude contestar por rota, ya ni modo, al fin que ni quería (snif-snif); 5) Kiddo y Mechitas se ardieron porque no pudieron bailar por su sueño y el segundo hasta advirtió “recuerden que la vida útil de un antro es menor que la de una mosca así que busquen nuevas alternativas, al fin que yo ya me voy”; 6) the first married one durmió como bebé y se despertó como si nada; 7) un recorrido con el suero en la mano puede atraer muchos ligues fugaces; 8) pusieron mínimo tres veces la guitarra de Lolo; 9) no nos queda claro en qué momento llegó la Cuchis, se rumora que a ella tampoco; 10) no viene al caso, pero me sorprende que la pitonisa no haya pronosticado el fervor que causaría entre amiguitos, no puedo creer la cantidad de gente que ha ido y que ha convencido a otros de ir, pero ya sé, igual no saben qué pensar...

martes, septiembre 13, 2005

Agua que fluye

El Davo se ha ido ocnvirtiendo en un gran amigo; lo conocí hace como seis meses y antes nos veíamos diario, ahora sólo lunes, miércoles y viernes. Posiblemente es una de las personas que más admiro, siempre está sonriendo y no hay más que buenas palabras y acciones en su trato con los demás; a sus 33 años lleva a cuestas 20 con una de las peores enfermedades, hasta el nombre es horrendo: espondiolitis anquilosante. Por si fuera poco, el tipo es poeta y tiene un libro; éste es uno de los poemas que más me gusta, no sólo por la dedicatoria sino porque de verdad me parece muy bueno y aprovecho para compartirlo con ustedes, espero que les guste tanto como a mí.

Agua que fluye
Tú me recuerdas el agua que fluye,
ésa que busca camino en desbandada
llevando lo que a su paso ocurre.

La que fluye de dentro, de fuera,
de todas partes.
¡Chorreando! ¡Salpicando!
No necesitas llave para fluir,
ni presa para estancarte.

¿Qué sería de ti estancada?
Seguramente te pudrirías
en algún charco;
o alguien te usaría como bálsamo
para limpiar sus culpas.

Mejor así, que fluyas,
que vayas y vengas
por donde te plazca;
salpicándome a veces,
lloviéndome en lo hondo
siempre clara, siempre eterna.

Tú me recuerdas el agua,
la saliva,
las lágrimas.
Tú me recuerdas la libertad.

D. G. J.

domingo, agosto 28, 2005

Tarot

Tenía un compuesto de miedo y curiosidad que casi ni me dejó dormir la noche anterior. Esas cosas siempre me han dado miedo; una vez me lo quité estando en Cuba, cuando la “santera” me interceptó en la calle para decirme algo que me llamó la atención. Tres dólares después, dieciséis caracoles ilegales en el Malecón y un diagnóstico de diez minutos me hizo salir pensando: esta mujer tiene un pacto con Yemanyá. No fui la única embaucada y a los dos días de la lectura de los caracoles, los que nos sugestionamos con la grandeza del pronóstico nos dimos cuenta del timo, de que a todos nos había dicho exactamente lo mismo, e incluso había cerrado con todo y postre al advertirnos que, como era algo muy personal, todo el rollo era entre nuestro santo (en mi caso Oshún) su intermediario (léase: la santera o el babalao) y cada quien, así que chitón, nada de andar contando la sesión por el mundo. Pura pamplina y el discurso era igual para todos: acabas de perder a una persona muy querida; estás enfermo de algo (y si no, cambiaba el discurso, pues ten cuidado porque eres propenso a blablablá); te preocupa tu futuro (obvio: éramos 16 chavos, hasta yo lo hubiera adivinado) y así de tonto fue que caímos.
Con todo y este antecedente, uno de los jueves ¾ funareños, a la Sis se le ocurrió que ya no quería más incertidumbre en su vida y vamos a que nos lean las cartas. Todo había quedado en plan a la mexicana “sí, un día hay que ir”, hasta que se apareció la amiga del novio de amiguita para decirnos que le habían recomendado a una pitonisa impresionante, las copitas nos infundieron valor para hacer la cita cuanto antes. En menos de 24 horas allí estábamos las tres con nuestros nervios y la emoción. La Cuchis fue la primera en pasar y salió blanquísima (¡ejem!) para dar paso a Sis; mientras me fue contando y ahora éramos dos perplejas: no, júrame que te dijo eso, ¿en serio? Entré predispuesta porque una de dos, o de plano sí es verdad esto del esoterismo, o la mujer tiene una puntería de las grandes y un truco digno de Copperfield. En mi turno lo primero que hizo fue preguntarme:

- ¿Quién es Fulanito?
- ¿Fulanito? Un amigo.
- Ya, sí, un amigo, pero saliste con él, ¿no?
- Mmmm, sí, esteee, sí salimos un tiempo.
- Bueno, pues te va a volver a buscar, mucha conversación, mucha plática, mucha conversación.
- ¿Quién es Sutanito, Perengano Sutanito o Mengano Sutanito?
- Mengano Sutanito, mmm-miiii ex-nononovio, ¿pppor?
- Ya, pues hay una mujer en su vida, pero no te ha olvidado; muchos rencores y daños, hay que conversar, platicar, mucha conversación.
- ¿Quién es X?
- Una tía que se murió.
- No, está viva, ¿quién es X?
- ¿X? No, aparte de mi tía no conozco a ninguna X... ¡Ah, no, sí! ¡Es mi prima! -sí, mi coeficiente intelectual rayando en los negativos, mala idea que la gente tenga apodos desde la cuna-. Sí, mi prima se llama X.
- Ya, ella está lejos, pero necesita mucho apoyo, mucha conversación, apoyo, mucha plática, mucha conversación.
- ¿Quién es Y?
- Pues mi hermano.
- Ya, sí. Está en el extranjero, no te preocupes, todo bien, todo va a ir bien, no hay que preocuparse, no te preocupes, mucha conversación, mucha plática, todo bien.
Así fue sacando nombres, claro, empecé a desconfiar con el listado. ¿Quién es Martín, Úrsula, Jacqueline, Ernesto...? Era lo que yo quería saber así que no, pues ni idea. Pero le atinaba a unos muy difíciles y eso me confundía, hasta los nombres compuestos los decía e iba sacando poco a poco conclusiones que embonaban perfecto con mi relación hacia esas personas y a las que no conocía me decía que las iba a conocer (mi sospechosismo en total alerta roja).
Todavía no sabía lo que le había dicho a Sis y sólo tenía la versión de Cuchis, que en sí misma era lo suficientemente fuerte como para hacernos pensar a las dos que no nos estaban estafando. Pero yo seguía adentro y para esas alturas mis nervios se habían materializado en una ligera sudoración de manos y una discretita y congelada sonrisa. ¿Qué le pasa a esta vieja? Una parte de mí se negaba a creer que era cierto, iba como con coco-wash de que no me iba a sugestionar con nada de lo que me dijera y cuando me dijo que de salud estaba bien, pude respirar hondo: lo sabía, tenía que ser un timo. Fui reiterativa y le volví a preguntar ¿entonces no tengo nada, estoy bien de salud? Sí, al menos ya no tienes que preocuparte por lo que te estabas preocupando. A ver, está bien que mi índice reumatoide haya disminuido de 181 a 128 en 6 meses, pero aún así estoy más de 100 puntos arriba de la condición normal. ¡Bien! Tranquila Ana Lucía, te dije que todo era estafita y ya.
Aún así la espinita no salía, seguía con la duda enorme de cómo le atinó a esos nombres (y a muchos más) y a otras cosas; en la recapitulación de los hechos todas nos negábamos a que la mujer fuera realmente una vidente y nos decíamos, “es que claro, te va sacando información y piensa tan rápido que saca conclusiones que pueden llegar a embonar perfecto”. Obvio es eso, ¿no? Ajá. Y de pronto alguien volvía: “pero no entiendo cómo pudo saber que mi hermano está en el extranjero”, “sí, o lo de mi familia, eso casi nadie lo sabe”, “bueno, pues a mí también me sacó de onda que haya dicho justo ése nombre, digo, no es así como Juan o Ernesto, o sea, está difícil”, “sí, sí está de pensarse, como cuando te dijo lo del negocio de la comida, digo, pudo habérmelo dicho a mí, pero te lo dijo a ti y así como que cara de chef no tienes, digo, sin ofender”, “ajá, y en cambio a ti que te dijo que le bajaras a la fiesta, o sea, como que sí le atinó a cada quien y no es que alguien le hubiera podido decir, porque amiguita que nos recomendó esto ni siquiera sabe la mitad de esas cosas”, “sí, eso es lo único que me deja pensando que no sé qué pensar”.
Pero mentía porque había más cosas que me siguen haciendo pensar que no sé qué pensar; porque también me dijo que me dedicaba a algo que tenía que ver con el extranjero, que estaba en un momento de transición y que no debía preocuparme porque el trabajo llegaría, que tenía que concentrarme en lo que estaba haciendo, que el amor estaba a la vuelta de la esquina (obvio que con esa declaración uno paga hasta una fiesta) y, a pesar de haberle pedido que no me dijera cosas negativas, lo escuché. Vas a irte a estudiar al extranjero y te vas a casar allá; vas a tener tres hijos, no, dos. ¿Cómo? ¿Tres o dos? Tres, pero dos. Ya no quise indagar más y me quedo mejor con la conclusión de amiguitas: claro, tus gemelitos y otro, o el VicBro “es el chamaco que querías adoptar, ¿no te acuerdas?”. O b v i o. O cuando hizo la declaración que me hizo palidecer y salir con la cara más lívida de las tres porque podía esperarme todo menos que me dijera que me habían hecho algo: ¿Cómo que un trabajito? Sí, un trabajo, daño, pero ya estás limpia, tienes buena estrella, te están cuidando bien. Ya estás limpia.
Sigo sin encontrar conclusión lógica a varias cosas, tiendo a creer que estas personas son expertas en las reacciones de los demás, pero no sé... Las tres estamos igual de sorprendidas y no sabemos ni qué pensar, así que mientras trato de adivinar los entramados incomprensibles de la ciencia ficción, ahí les encargo que sigan contribuyendo para la buena estrella que lucha contra los trabajitos. ¡Qué ironía! Yo que hasta hace poco rogaba internamente “cómo me gustaría tener un trabajo” y algún despiadado haciéndome un trabajito a escondidas... ¡Hay que ver!

jueves, agosto 25, 2005

Lluvia cursi-chida

De las pocas cosas que he aprendido en esta vida es que uno está aquí para aprender, y uno aprende y aprende y aprende. Es triste decirlo, pero hoy sé que casi no hay constantes, que la gente va y viene y que debemos aprovechar al máximo estar con ellos; que los etapas no son más que momentos. Los días lluviosos me ponen nostálgica*, que no melancólica**; y lo que es peor: pensativa (¡sí se puede, sí se puede!). Y pienso que es verdad, que uno aprende a vivir sin gente que quiere, uno aprende a vivir sabiendo que hay muerte, uno aprende a vivir sabiendo que hay despedidas, que hay viajes, uno también aprende a vivir con enfermedades incurables y degenerativas, uno aprende que a pesar de todo la vida continúa y si no te mueves con ella terminas sin aprender las reglas del juego y entonces ¿qué hubo? para qué estás aquí.
Creo que la primera vez que la escuché fue en The O.C. (¡qué barato, qué barato!) y qué pena muchachos, me perdonarán, pero desde ese instante la canción me llegó al extremo más cursi de mi sensibilidad visceral auditiva, así, sin más. Después de mucho tiempo escuché la letra y el destino no pudo haber escogido mejor timing para darme cuenta de que hay millones de personas que piensan y sienten lo mismo que yo: que contrario a lo que pensaba, comparto el sentimiento en solitario con otras almitas igual o peor de distorsionadas.

You say you wander your own land.
But when I think about it I don’t see how you can.
You’re aching, you’re breaking, and I can see the pain in your eyes.
Says everybody’s changing and I don’t know why.
So little time
Try to understand that I’m trying to make a move just to stay in the game, trying to stay awake and remember my name.
Because everybody’s changing and I don’t feel the same.
You’re gone from here.
Soon you will disappear fading into beautiful light.
Because everybody’s changing and I don’t feel right.


Apar
te de mis tres hermanos viajeros, ¿también tú, Brutus? Nubecita (no llores porque llueve, diría el Kiddo) y el Mechitas se me van, entre otros. Luego que a muchos les está entrando la fiebre del matrimonio de verdad que ya no sé ni para dónde, claro, siempre está el consuelo utópico ya-tengo-muchos-pretextos-para-viajar (con el ¡yupi! incluido en el coco-wash) y el otro de que a Bridget Jones al final le fue bien (claro, después de millones de cenas incómodas entre parejitas de casados... Con la gracia que me causa el nuevo apodo al que me he hecho acreedora, Ana Lucía la Texas, por aquello de “the lonely star”). En menos de un año la gente se desquició; unos se fueron de maestría, otros de doctorado, otros a trabajar, otros se casaron, y las noticias continúan porque se los digo, es el tema de moda, mis cuates súper in siempre en lo de hoy: me voy a vivir con mi novio, me caso en un año, voy a “aplicar” para tal lado... And everybody’s changing and I don’t feel the same. ¡Qué horror! Y yo sin titularme y sin prospecto de novio...

PD
Tenías razón master Kiddo (sí, últimamente has estado muy brillante, hay que aceptártelo), el disco está meloso, pero sabroso... Keane’s new fan!! Gracias totales y ya somos dos...
PPD
Como diría el Charlo: "Se desgranó la mazorca"... Perdón por haberla quemado, era como frase de la semana (o del año), pero lo buenísima que tiene lo tiene de localísima y vaya que define el momento.

* Que tiene una tristeza que acompaña al recuerdo de épocas, personas o lugares a los que uno se siente vinculado afectivamente.
** Que tiene tristeza vaga, profunda y permanente.

lunes, agosto 22, 2005

Sopa de tortilla

La semana anterior había recibido llamadas de la güera y de ohohoh-irerirerie, vamos a un antro para aprovechar que sigo soltera... ¡Momento! ¿Cómo está eso de que ya vas a tener novio?, aguanta ocho días más porque hoy no puedo, y así obedeció la wearever tan linda. La idea original consistía en visitar un Chip, quería una despedida de soltera de las de verdad con todo y el grupo de las erreístas. Bueno, en realidad queríamos un pretexto para el reencuentro y éste cayó como anillo al dedo. Después de cadenas vamos a tal lado, yo sí voy, yo no puedo, las trais y así, se me ocurrió sugerir un precopeo en mi casa, digo, para que nos saliera más barata la fiesta y a lo que te truje Chencha.
¡Oh, una mañana te veré llegar! El viernes fueron llegando las niñas y que el tequilita, el vodkita, el vinito hasta que alguien preguntó si realmente queríamos que nos bailaran hombres sexys: la decisión era sorprendente y unánime, lo dejamos para otro día porque el cosmo-chisme galopaba raudamente a la medalla de oro. Y descubriré que yo solo ya no estoy mejor. Aquello era una orgía de estrógenos en debate porque mientras unas afirmaban que no había nada en el mundo como tener a un hombre al lado, otras nos dábamos ánimos al decir que podemos sentirnos completitas sin el cromosoma Y (incluso en días lluviosos); (y te pediré que me acompañes) luego la controversia se puso roja cuando una afirmó la teoría mitológica de que por convivencia con otra fémina, con el tiempo se emparejan las lunas de cada quien y los tiempos de ambas terminan ajustados. Adónde en verdad no sé, dime que sí, miénteme. El panel digno del show de Cristina fue cambiando su inocencia, los temas tratados iban tomando dimensiones a lo Hugh Heffner conforme la miríada de alcohol entraba al sistema. Podría ser que al final rompiste el cristal en mí. De pronto una empezó a ponerle punto a la séptima letra del alfabeto y hasta se quedó sorprendida cuando la otra dio el consejito, y eso que yo era la más liberal, decía indignada al ver suplantado su puesto histórico. Podría pasar que me hagas hablar; yo creo que tienes el don de curar este mal.
No sé cómo -juro que yo había ido al baño-, pero de pronto a una le dio por sentirse geómetra y reiré por siempre cada vez que escuche la palabra oblongo que dio paso al baile fugaz mi-dulce-niña-na-na-na. Compostura niñas y volvimos a sentarnos para dar paso a la lectura y a la ronda de brindis por Cosmo; para que si en una entrevista de trabajo nos preguntan qué periódicos o revistas leemos, nos convirtamos en Pedro y la neguemos tres veces; por ellos muchas veces; por nosotras y los seis años que llevamos de conocernos (ay, ya no se pongan pesadas, el botox puede esperar); por la clase de noséqué (en el fondo un brindis ñoñísimo, cómo no si somos un dechado de traumas universitarios y entre nosotras miss Baillères ’99); por fulanito que no vino; por sutanita y perenganito; vamos, creo que hasta brindamos por nuestros profes que
hubieran estado tan avergonzados de sus discípulas...
Moción de orden hipócrita porque dimos paso al concurso más roto de la historia, con el afán de competencia masculina que nos da por padecer a los seres humanos, “las boobs más fotogénicas” carcajeó el ambiente y nos obligó a tomar la filosofía “cuando uno está fregado mejor ni habla”. ¡Ah! Pero eso sí, el video del momento vale oro, ¡cómo no! Porque con eso de que la finalista bravucona le decía a la contigo-es-humillante-esta-competencia, oye no me intimidas y una cosa es moverlas así y otra es círculo-círculo-círculo, la cosa se puso ruda y todas trataban de hacer su mejor esfuerzo para quedarse con el título que al final dio paso a un nuevo baile efímero I’m addicted to you don’t you know that you’re toxic.
Y el corazón golpea, estoy desesperada; lo busco en todas partes, sus besos me hacen falta. Lo sabíamos desde que lo planeamos, íbamos a adquirir una fiesta de pronóstico. Loca, que a mí me digan loca; se mira y no se toca. Lo que nunca supimos fue el nivel que llegaríamos a subir junto con la hora y los decibeles de la música. Este amor es mío, sólo mío. Y es que cualquier predicción hubiera tenido un margen de error muy grande: ocho mujeres en desenfreno y con pila recargable: de proporciones bíblicas. Loca, enamorada y loca, capaz de cualquier cosa, orgullo de mujer cuando está herido.
Incierta la hora de despedida, sólo recuerdo las burlas porque el suéter me hizo la mala pasada de cubrirme al revés, pero al amanecer Manzanita y Gweni-Tai me dieron la razón: las camas de mi cuarto se mueven, ¿ven cómo no era yo la del problema? La recapitulación entre ocho vasos de agua nos hizo preguntarnos por qué dolía tanto el cuerpo. Nada que ver con la plétora de alcohol, ni con los miles de bolita-bolita ejercidos; ni hablar de las risas multitudinarias y carcajadas aeróbicas; mucho menos con el baile miénteme-condéname-encadéname, o con los saltos y revoloteos por el lugar; obvio no influyeron los abrazos te-quiero-mucho-a-pesar-de-la-ebriedad; no, en serio no sabemos a qué se habrá debido el dolor...
Al parecer el baño de progesterona nos hacía tanta falta que ahora ha quedado instaurado el club de Kitty vs Andrés, reuniéndose una vez al mes en forma de ladie’s night postmoderna, a ver si así descubrimos la falsedad o verdad de su teoría.

viernes, agosto 19, 2005

Elige mi propia aventura

No es por presumida, pero últimamente me caigo muy bien, con todo y mis tropezones por la vida y mis recriminaciones nocturnas te-pasas-Analucía. No sé a qué se deba mi autoenamoramiento, igual y es el complejo prozaico de las gotitas que me están reduciendo el índice reumatoide el que me tiene en el mood je vois la vie en rose, no sé. Tal vez sea el mesecito de duelo que me eché por aquello de las andanzas colombianas y el que amiguitos me consintieron como los grandes: las distracciones me caían como olas en mar picado y no había un día en el que cafecines, fiestas o visitas caseronas me dejaran. El resultado es claro, envejecí los años que me había tragado y a la doble bolsita de las ojeras le agregué una amiguita más; Lulú Marina como la futbolista que nunca ha intentado ser, agarrándolas todas de aire o de rebote.
Lo gracioso de mi caso es que me he convertido en una víctima cautiva de la transición y ahora tengo que elegir mi propia aventura. Sí, ayer nos quedó claro: no pertenezco a la generación Rebelde ni a la Timbiriche, entonces mi crisis de identidad debate ¿Onda Vaselina, Kabah? ¿qué generación soy? ¿qué lugar ocupo en el universo? Es que somos un target poco explotado, con ansias locas de diversión y con pocos lugares adecuados a nuestras necesidades. Y aunado a la falta de coherencia generacional, tengo el ataque de la globalización dándome puñaladas. Por eso últimamente sólo tengo decisión de menú aéreo: res o pollo. Elijan su/mi propia aventura.