viernes, mayo 06, 2005

La casi-hombre

¿Y ahora se preguntan que por qué me comporto como hombre?
Primero me tocó heredar juguetes masculinos hasta que mi madre captó que debía entrenarme más femeninamente ya que si jugaba con mis primas y sus muñecas, las últimas terminaban sufriendo calvicie permanente por mi trato poco delicado. La adaptación fue fácil porque medio te integran el chip cuando te visten de rosita todo el tiempo, pero casi toda mi vida he estado rodeada de varoncitos. Era inútil hacerles comprender que uno se podía divertir sin guerras y terminé obligada a elegir jugar Voltron o aislamiento. Además, si sugería Barbies, muñequitas terminaban sin cuello porque se volvían violentas en manos de mis hermanos y primos; con el entrenamiento de años y el aguántate ya ni modo, terminé aceptando mi realidad y a mis princesitas espigadas con el cuello sólo de recuerdo; jugar a la comidita siempre terminaba en tragedia porque algún G.I. Joe desconsiderado, tomaba como misión destrozar el campamento Barbie que se encontraba en la vecina ciudad de mi cuarto, cocinando pacíficamente. Si era jugar a otra cosa, cuando me iba bien terminaba amarrada a una silla toda la tarde en espera de que el equipo salvador me encontrara; cuando me iba mal era porque me encerraban en el bañito del cuarto de juegos que servía para almacenar periódicos, ratones y arañas (si en serio es un milagro que no odie a los niños).
Fuimos creciendo y mientras yo apenas iba superando Heidi, mis hermanos aprovechaban que los papis salían para obligarme a ver películas pornográficas (segundo milagro: mis traumas no se han reflejado en consultas psiquiátricas... aún). Tanto lidiaje involuntario con hombres, me ha hecho participativa cuando se admiran los atributos de las chicas y no me molesta hablar al respecto, incluso les festejo sus momentos de SUEÑOS machistoides como quien da el avión de aquí a China porque desde los siete aprendí -después de romper una silla de puritito coraje-, que no debía meterme con Sansón a las patadas. Siendo una eterna enamorada de las telenovelas y las películas cursis, he soportado durante décadas, domingos y lunes de fútbol americano; un poco resignada, hasta le he agarrado cariño por el uso que le he dado a las señas al incorporarlas como técnicas de bateo (offside, fumble, dead ball -descriptiva de mi estado actual-, primera y diez y así), tristemente, en vez de verme súper diva creo que termino causando lástima.
El género híbrido: las mujeres-hombres
El FUNAR empieza a sufrir de cataclismos teóricos y entre tanta mezcla de traumas, hemos desarrollado el instinto psicoanalista llegando a la conclusión de que con tanto rencor acumulado ya nos parecemos a ellos, y lo que es peor, a los patantes. Comprobado al caerme el balde de agua fría en el pensamiento cuando la lic me hizo entrar en razón: a Plan Colombia no se le ven intenciones de estar jugando contigo y mi respuesta es como para dejar atónito a cualquiera que se precie de una autoestima ya no digamos alta, simplemente clasemediera, “es que claro, justo ése es el problema”. Él está aquí en serio y yo no sé ni lo que quiero, los entiendo chiquitines, es horrible la presión cuando uno no quiere formalizar y el otro sí y la tendencia es que el otro sea femenino. Cómo me voy a comprometer si me encuentro en la plenitud de mi pubertad, dice sabiamente el niñito. Todavía ni decido qué onda con el man y los amigotes de metiches preguntando en el antro “¿qué, ya andan?” con mi cara de y-a-ti-queti, mejor sírvete otra cubita que ahí te hablan. Sin disimular el váyanse al demonio con el “son novios, son novios”, que desde la primaria no escuchaba en corito. O luego the cutest one advirtiéndome al séptimo trago “no, squeste c@b#ón es de h&%$#s, neta ques un tiiiiipaz-zzoy tea dora, trátlo bien, nserio”, mientras mi cara iba palideciendo ante el stress de la responsabilidad de ser la mala sin siquiera ser todavía. O sus iniciativas medio brutas de jugarme bromitas incómodas como el día en que pusieron en la pantalla del antro el letrerito “Plan Colombia: Sí quiero andar contigo. Ana Lucía” y mi mirada amenazante los-voy-a-matar-nos-vemos-a-la-salida, que nada más porque están muy grandotes y van al gimnasio, si no me agarraba a los golpes como buen machín afuera del bar.
Sí, yo en la posición testosterona de la relación: esto es mucha presión; no me hables diario; al contrario de Sanz en “La Tortura” yo le digo: el sábado tienes mi amor, déjame de lunes a viernes a mí que es mejor; qué cursi eres, para qué quieres andar si estamos agarrando la fiesta tranquilos (soft, you soft man...) I don’t wanna rock, DJ. But you're making me feel so nice. When's it gonna stop, DJ? ‘Coz your keeping me up all night. Y me desespero conmigo, casi como él porque mientras más lo conozco, más me doy cuenta de que sí quiero estar con él y estoy invadida de miedos de mil razones, desde pasados hasta artríticos. Creo que lo que más me aterra es que es un niño lindo, y no me trate así, ¡carajo! Pero cualquiera sale corriendo cuando lo invitan a una reunión de “parejas” -que me sonó a encuentro matrimonial- en donde dan consejos para llevar una relación positiva porque la presión escolar al parecer es bastante intensita. Justo ahora debería estar allá y claro que no fui número uno porque es en un reino muy lejano en donde me pierdo hasta yendo como copiloto, número dos porque sería una aceptación tácita de yo no sé qué y número tres porque me suena a retiro del Opus Dei y no es que personalmente tenga algo en contra de la institución, es simplemente que yo así no puedo y al menos en esto sí conté con la solidaridad inmediata de amiguitas que casi escupen el café mientras les iba contando, y es que este susto no discriminó por género.
Y de qué me quejo si hasta me inscribí en clases de comportamiento masculino. Voy muy bien con eso del ensayo del sentadito, los hombres más sucios me han enseñado a comportarme como ellos, hasta con posición, reacomodo discreto de salva sea la parte y trago continuo con lujureo ocular hacia la pobre tipa de enfrente que ni me gustó tanto. Lo de eructar sigue sin salirme, sólo una vez dejé a mis maestros sorprendidos aplaudiendo orgullosos la creación de “uno más”. Luego la acaba de amolar la novia de mi hermano de Canadá cuando me vio el otro día y me dijo que a punto había estado de besarme por haberle recordado a su hombre, ¡namás eso me faltaba! O el niñito diciéndome que cuando saludo en el messenger contesto como wey. Sólo espero que, entre otras cosas, no me estén creciendo músculos occipitales, manzana de Adán ni barba porque ya está como epidemia la actitud, con eso de que cuando subo al ‘Oasis’ de la Trucita -porque cual niño, mi amiga bautizó su carro de esa manera-, empieza a justificarse como varoncito: ay, perdón por el coche, está hecho un des#@%&”, ya ni se distingue el color de las vestiduras, tengo que limpiarlo (cuando en el fondo las dos sabemos que no es honesta, justo como tipo exculpándose con el ligue). Y luego cerramos la sesión con el comentario de amiguito “tú serías la vieja ideal porque eres casi como hombre: aguantas la fiesta, eres manchadona y naquísima”. Nombre, gracias compadre, no nos ayudemos tanto y qué por fin, cuándo vamos al table.
Si tan sólo hubiera adoptado cualidades como la manejada o la ubicación...

3 comentarios:

P.p. dijo...

Jeje, pues no me convence mucho el planteamiento... ruda-rudísima no estás mija, y me consta que podrías serlo mucho más, que aún recuerdo que Lucy tenía muy buen derechazo. Aún me da risa recordar un verano en el cual tu prima casi se agarra a golpes con una fresa que amenazó con echarle los guarros. Sería chistoso saber la perspectiva de ella al respecto de esa infancia semi-compartida.

En cuanto a los miedo, pues mira: mi consejo es que recuerdes que mientras los tengas presentes, mejor los podrás manejar. Además, sola no sabrás si los superaste o no. Los miedos artríticos no deberían impedirte ser feliz, eso nunca, peque. Nos consta a los que te conocemos que mereces sonreir. Si llegas a estar segura de lo que quieres, aviéntate, pero no dejes de hacer cosas o darte una oportunidad sólo por el miedo...

Ana Lucía dijo...

Ay Pepe.... No me desilusiones que ya llevo el derechazo bastante entrenadito y no hay ni punto de comparación con mi prima. Si alguien sabe lo que es vivir con hombres molestos es ella, qué horror, a la pobre le tocó lidiar con unos que eran mucho peores que mis hermanos, esa sí que era una pesadilla y no dudo ni tantito que se haya intentado sonar a la pobre vieja, yo sí le tendría miedo porque así como se ve de frágil y femenina hay que tener cuidado con mis genes agresivos... Definitiva maestra, buen punto...

Anónimo dijo...

Que conste que yo era el que siempre te desataba de la silla (después de un rato, claro). Reconozco que algunas veces te nos olvidaste encerrada en el baño, pero no era por mala onda, simplemente se nos olvidaba que te habiamos encerrado.

Velo por el lado bueno, te preparamos para que los colombianos por mas que te hablen de usted no caigas a la primera rendida, asi que por un lado no me siento defraudado con tu preparación , nos costo trabajo pero logramos hacer una gran mujer que soporta las pedas y las pelis pornos.

Besos
Alcaffar